Leporello del linaje materno

Hay historias que no se cuentan con palabras. Se heredan en silencio, en lo que no se dijo, en lo que se sostuvo sin nombre. Este leporello nació de esa certeza: que llevo dentro de mí no solo mi propia historia, sino la de muchísimas mujeres que me precedieron — una cadena ancestral que se pierde en el tiempo, mucho más larga de lo que cualquier libro podría contener.

Este leporello recoge cinco de esas generaciones — cinco rostros visibles de un linaje que es, en realidad, infinito. Desde mi bisabuela Ana, hasta mi hija, pasando por mi abuela María Inés, mi madre Beatriz Selena, y yo misma. Cinco mujeres, cinco flores — atribuidas por intuición, sin un sistema racional que las justifique, sino por lo que cada una me hizo sentir al pensarlas — conectadas por un mismo hilo rojo que las une entre sí, y que, a través de ellas, conecta también a todas las que vinieron antes, aunque no tengan nombre en estas páginas.

Soy hija de un linaje de mujeres artistas sin reconocimiento. Mujeres hijas, esposas, hermanas, madres de — pero rara vez conocidas por sí mismas. Mujeres que lo sostuvieron todo para que otros pudieran brillar, a costa de ellas mismas. Este leporello es también un acto de sanación: estoy sanando la dependencia material de un padre o de un esposo para sobrevivir, y trazando un camino distinto para las que vienen después de mí.

No conocí a mi bisabuela Ana; se sabe muy poco de ella. A mi abuela María Inés la perdí siendo yo muy pequeña, y apenas guardo memoria de ella. Hacer este leporello ha sido, también, una manera de conocerlas — de imaginarlas, de honrarlas, de darles el lugar que quizás nunca tuvieron en vida.

Este formato, el leporello, se despliega como un mapa: se puede leer de principio a fin, o abrirse completo y contemplarse como un solo gesto. Como la vida misma de un linaje: lineal cuando lo vivimos, pero un todo cuando lo observamos con perspectiva.

Este es el lugar donde decido que la cadena cambia de forma. No rompo el linaje — lo honro al continuarlo de otra manera. Sigo siendo hija de las mujeres que me precedieron, heredera de su fuerza, de su capacidad de sostener lo insostenible. Pero ya no heredo su silencio, ni la costumbre de desaparecer dentro de los nombres de otros. Eso lo dejo aquí, en esta página, para que no viaje más lejos.

A mi hija no le estoy entregando una sanación terminada, sino algo más honesto: la prueba de que el camino se puede caminar distinto. La estoy educando para que crea en sí misma, en sus múltiples dones, para que sepa que ha sido infinitamente amada y que es capaz de lograr lo que se proponga. Que sea madre, esposa, hija, hermana — o lo que decida ser — y que sea, sobre todo, ella misma: nombrada, visible, entera.

Video:Linaje Materno

Leporello del Linaje Materno / Amar Duque

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